sábado, 24 de enero de 2009

CANIBALISMO "CULTURAL" EN GRAN DOLINA

Por su espectacularidad o la importancia de su significado, algunos restos o determinados conjuntos arqueológicos tienden a centralizar la atención de los investigadores. Alrededor de estos hallazgos es normal que surjan cuestiones obvias, pero que por su elevado nivel son difíciles de responder desde una perspectiva estrictamente científica. Entonces resulta tentador entrar en el terreno de la especulación o de a elucubración. Sin embargo, estos planteamientos bien entendidos sirven para excitar la imaginación y activar los mecanismos necesarios para la correcta formulación de hipótesis, que deben ser adecuadamente contrastadas científicamente para realizar acercamientos a la solución de estos problemas. En el caso de Atapuerca, uno de estos hallazgos es el conjunto de restos humanos recuperados en el nivel 6 de Gran Dolina. Como bien es conocido, los primeros estudios realizados sobre los restos de estos homínidos, efectuados durante los años 90, ya pusieron de manifiesto la existencia de abundantes marcas de corte y fracturas intencionales que sugerían la existencia de canibalismo entre los grupos humanos de hace más de 800.000 años en la Sierra de Atapuerca. Pero al margen de la evidencia directa sobre este acto, en el seno del equipo, los investigadores siguen preguntándose sobre las razones que llevaron a los homínidos del Pleistoceno inferior de la Sierra a consumir carne humana. ¿Quién lo hizo? ¿Por qué? ¿Fue un acto ocasional u ocurrió más veces? ¿Se trataba de miembros del mismo grupo o de grupos rivales? Realmente fue un acto de subsistencia o, por el contrario, subyace detrás alguna razón de tipo social o cultural? Actualmente, muchos de estos interrogantes son difíciles de responder con los datos arqueológicos disponibles. >Por el momento se llevan excavados una veintena de metros cuadrados. La excavación se ha realizado en dos fases. La primera, efectuada a mediados de los años 90, consistió en un sondeo de unos 9 m2. Fue en esta intervención cuando se descubrieron los primeros restos de Homo antecessor y cuando se identificaron en sus huesos las señales que permitieron interpretar la acumulación del Estrato Aurora de TD6 como un campamento humano en el que se había practicado el canibalismo. La segunda fase está aún en curso. Ahora se excavan los cuadros exteriores de TD6, que han proporcionado más restos de homínidos y nos indican variaciones laterales del depósito asociadas a cursos de agua y distintos sitios de aporte, que confirman varios eventos caníbales dentro del estrato Aurora. Por tanto, todos los datos apuntan a que la antropofagia es una “costumbre” y forma parte de los hábitos culturales de estos homínidos de la Sierra de Atapuerca. Además, los estudios paleopatológicos efectuados sobre los dientes de estos homínidos apoyan esta hipótesis, ya que no se detectan episodios de estrés alimenticio, como hambrunas, a excepción del producido durante el proceso del destete. Por tanto, l consumo de carne humana en Gran Dolina va más allá de lo puramente subsistencial y hay que buscar razones culturales a estos eventos. En mi opinión, se trata de grupos de la misma especie biológica, Homo antecessor, que controlan el territorio de la Sierra y que tienen unos comportamientos muy arraigados que se repiten a lo largo del tiempo, entre los que se encuentra el canibalismo. Su rivalidad con otros grupos será, quizás, lo que les lleva a cometer los actos de antropofagia. Sus “ataques” van dirigidos a base de la pirámide de población, es decir, niños y adolescentes jóvenes, de tal manera que privan al grupo rival de su continuidad en el tiempo. Entonces surge otra pregunta: ¿Por qué existe la necesidad de atacar a otros grupos de la misma especie? Quizás el poblamiento humano en Europa durante el pleistoceno inferior sea más denso de lo que muchos autores piensan. La lucha por un territorio como la Sierra de Atapuerca, donde los recursos son abundantes, pudiera ser algo habitual, y el canibalismo el mecanismo utilizado para garantizar el dominio del territorio y su supervivencia como grupo en ese espacio. De todos modos, la excavación sigue en curso y estas hipótesis preliminares deberán ser comprobadas. Lo importante es seguir trabajando, seguir pensando… y dejar volar la imaginación, que es una parte fundamental del pensamiento científico. Como dijo Einstein, “si lo puedes imaginar, lo puedes lograr”.

Jordi Rosell
IPHES. Área de Prehistoria. Universidad Rovira y Virgili.
Miembro del EIA.

Reproducido de: http://www.atapuerca.com/