domingo, 11 de marzo de 2012

Cáceres. La sequía saca a la luz dos dólmenes

Foto: En el centro, ortostatos (losas) de pizarra de uno de los dólmenes de Alconétar. :: LORENZO CORDERO

Las cámaras funerarias tienen entre 4.000 y 5.000 años y están en la vega del río Guadancil, entre la torre de Floripes y el puente romano
El bajo nivel del embalse de Alcántara descubre dos dólmenes del Neolítico

Caminar a tres pasos del agua del segundo embalse más grande de España y el cuarto de Europa mancha de barro los zapatos, pero entretiene. Están los signos que identifican a los suelos habitualmente sumergidos, tan fotogénicos. Y ahora, también alguna sorpresa. Por ejemplo, los dos dólmenes que la sequía ha sacado a la luz.

La sucesión de días sin que caiga del cielo una gota de agua tiene consecuencias negativas de sobra conocidas. Pero también proporciona imágenes si no desconocidas, sí poco habituales. Es el caso de la que se puede ver desde hace unos días al pie del embalse de Alcántara. En concreto, en la vega del río Guadancil, entre la torre de Floripes (la que pueden ver quienes viajan por la carretera N-630 entre Cáceres y Plasencia) y el puente romano que fue trasladado de sitio antes de que el enorme pantano (3.160 hectómetros cúbicos de capacidad) empezara a recibir líquido.

Al bajar hasta la orilla, allí donde suelen ponerse los pescadores (en la orilla más cercana a la carretera), surge del suelo un llamativo conjunto de piedras colocadas en vertical, despuntando del suelo. Es la interpretación que hará cualquiera que no esté especialmente interesado en la geología. A los oídos de un experto les rechinaría catalogar esa formación de esa manera.

Cualquier especialista en la materia verá rápidamente lo que es: un dolmen del neolítico. Y pondrá nombre a esas piedras que sobresalen del suelo blando. Son ortostatos, o losas empleadas para delimitar las cámaras funerarias. Son de pizarra, y en el caso concreto de este dólmen de Alconétar, quienes elaboraron el conjunto las trajeron, probablemente, del cerro Garrote, situado a unos quinientos metros, justo después de cruzar la N-630. En ese cerro hay tres dólmenes y desde esa zona transportaron los hombres de hace entre 4.000 y 5.000 años las enormes losas de pizarra con las que construir los dólmenes que la sequía ha sacado a la luz.

La explicación a por qué esa acumulación de formaciones similares en un mismo área geográfica puede estar en la existencia de un camino prehistórico que atravesaba el cercano puerto de los Castaños (al lado de Cañaveral).

De hecho, en otra etapa de la historia esa zona fue bautizada como Túrmulus, probablemente debido a la acumulación de túmulos (sepulcros levantados de la tierra, según la defnición de la Real Academia). La inclusión de la letra 'r' se puede explicar por las adaptaciones del lenguaje que han ido sucediendo a lo largo de la historia en función de los pueblos que habitaban cada área geográfica.

En el caso de los dólmenes visibles en la vega del río Guadancil, el mejor conservado permite hacerse una idea de cómo eran este tipo de construcciones. En torno a los ortostatos hay una serie de cantos rodados, y en alguna de las piedras se pueden ver incisiones de forma circular, conocidas como cazoletas.

A unos pasos hay otro dolmen, peor conservado, pero que contribuye a hacerse una idea de la actividad humana que hubo en la zona en otras etapas de la historia. Estos días, a la orilla del embalse de Alcántara domina la tranquilidad. Rompen el paisaje uniforme algunos pescadores. Y esas piedras que hace cuatro o cinco mil años, alguien incrustó bajo el suelo que pisamos y que ahora miran al cielo. Quizás están pidiendo que llueva.

Lezetxiki aguarda su protección

Álvaro Arrizabalaga lleva más de 20 años solicitando a Lakua la protección legal del yacimiento. Estudian iniciar la tramitación del expediente para proteger el yacimiento arqueológico

El País Vasco actual, por su ubicación a caballo entre la Península Ibérica y el continente europeo, constituyó durante la prehistoria un «corredor multidireccional por el que transitaban las poblaciones humanas y las especies animales». Y en esta visión de encrucijada del País Vasco, el valle del Deba desempeñaba un «papel determinante al constituir la principal vía de comunicación entre el corredor litoral y las tierras altas del valle del Ebro».

Lezetxiki fue un emplazamiento estratégico para los clanes humanos en su tránsito por esta ruta, aunque de uso esporádico y estacional. Humanos de distintas especies y carnívoros de la talla del oso o del león cavernario, entre otras fieras, se alternaron en la ocupación de esta gruta kárstica a lo largo de cientos de miles de años. Y los restos que dejaron configuran hoy «uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Península Ibérica».

Álvaro Arrizabalaga dirige las excavaciones que desde hace casi veinte años se vienen desarrollando sobre el escenario del hallazgo del resto humano más antiguo de Euskal Herria. El húmero descubierto por José Miguel de Barandiaran en 1964 fue desenterrado junto con material lítico y fósiles de animales de la época del Homo Heidelbergensis. Según las convenciones antropológicas, esta especie humana evolucionó hace más de 500.000 años y perduró al menos hasta hace 250.000 años. Se le considera el antepasado directo del Homo Neanderthalensis, misteriosamente extinguido hace unos 28.000 años...

Una ocupación humana muy esporádica

Según Arrizabalaga, en 170.000 años la suma de la ocupación humana de Lezetxiki puede ser de 4 años
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Diario Vasco
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En O Valouco hubo asentamientos hace entre 4 y 6 milenios

Restos arqueológicos de más de cuatro mil años de antigüedad fueron descubiertos recientemente en plena obra de la autovía de la Costa da Morte, entre Carballo y Berdoias. En concreto, aparecieron en los trabajos previos a la construcción lo que parecen evidencias de un asentamiento prehistórico.

A la espera de un estudio más detallado que se está elaborando (y que analizará la Dirección Xeral de Patrimonio), correspondería a un poblado situado en un período entre el Calcolítico (o Edad de Cobre) hasta la Edad de Bronce. Cronológicamente, entre finales del cuarto e inicios del segundo milenio antes de Cristo.

Este asentamiento se encuentra en la zona conocida como O Valouco, en la parroquia de Baio (no lejos de la iglesia vieja y hacia el oeste), del que ya constaba la existencia de una mámoa, tanto en el planeamiento urbano del Concello de Zas como en la documentación evaluada a principios del 2009 por la Dirección Xeral de Calidade e Avaliación Ambiental para el desdoble de la vía entre Zas y Vimianzo, en una distancia de 16,46 kilómetros, resolviendo que no era necesaria una declaración de impacto ambiental.

Tras los análisis realizados desde el mes de octubre por un equipo de arqueólogos ha habido varios hallazgos. Destaca, según la información proporcionada por la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas, la localización de once fondos de cabaña (solo la huella, sin estructura) de varias tipologías y dimensiones, además de nueve zanjas longitudinales «de dudosa adscripción, tanto cultural como cronológica, y funcionalidad». También han aparecido 27 fosas circulares u ovaladas dispersas, 35 agujeros de poste, una estructura de combustión, un hogar y una estructura indeterminada, formada por grandes lajas graníticas.
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Cuatro fases de actuación arqueológica

La actuación arqueológica en el área de la mámoa de O Valouco se desarrolló en cuatro fases. La más espectacular, ya con la identificación plena de piezas y espacios, fue la última, pero no se habría llegado a ella sin las tres anteriores.

La primera se llevó a cabo con anterioridad a los sondeos valorativos y bajo control arqueológico. En ella se desbrozó la vegetación con medios mecánicos. No se detectaron elementos visibles en superficie de interés arqueológico o patrimonial.

En la segunda se llevaron a cabo siete sondeos arqueológicos valorativos, excavando en 64 metros cuadrados. Todos fueron manuales y se realizaron entre los días 3 y 17 de octubre. Poco a poco se fueron retirando los niveles siguiendo la secuencia estratigráfica. En algunos de ellos se hallaron materiales arqueológicos (fragmentos cerámicos) son estructuras asociadas...

La Voz de Galicia

Did Stone Age cavemen talk to each other in symbols?

Some of the symbols found to recur among Palaeolithic cave paintings and other artefacts. Photograph: Genevieve von Petzinger.

Previously overlooked patterns in the cave art of southern France and Spain suggest that man might have learned written communication 25,000 years earlier than we thought

Visit the caves of Pech Merle, Font-de-Gaume and Rouffignac in southern France and you will witness some of the most breathtaking art our planet has to offer. Images of bisons, lions and other creatures loom from the cavern walls. Herds of horses and the occasional rhino, not to mention the odd mammoth and giant bull, parade across the rocks. Many animals are depicted in vivid colours, with a sense of perspective and anatomical detail that suggest these artists had acquired considerable skill.

These underground galleries, found mostly in France and Spain, also turn out to be remarkably old. The works at Rouffignac have been dated to around 13,000 years old, while those at nearby Chauvet and Lascaux are thought to be more than 30,000 years old. This testimony on rock walls – in daubs of ochre and charcoal mixed with spittle and fat – shows that our hunter-gatherer ancestors could depict the world around them in a startlingly sophisticated way. As the art critic John Berger once said of these painters, they appear to have had "grace from the start". Picasso was even more awestruck. "We have invented nothing," he remarked gloomily, after a visit to Lascaux in 1940 to inspect the handiwork of his Stone Age predecessors.

Not surprisingly, these paintings attract tens of thousands of visitors every year. However, there is another aspect to this art that often escapes attention, but which is now providing scientists with fresh insights into our recent evolution. Instead of studying those magnificent galloping horses and bisons, researchers are investigating the symbols painted beside them.

These signs are rarely mentioned in most studies of ancient cave art. Some are gathered in groups, some appear in ones or twos, while others are mixed in with the caves' images of animals. There are triangles, squares, full circles, semicircles, open angles, crosses and groups of dots. Others are more complex: drawings of hands with distorted fingers (known as negative hands); rows of parallel lines (called finger flutings); diagrams of branch-like symbols known as penniforms, or little sketches of hut-like entities called tectiforms. In total, 26 specific signs are used repeatedly in these caves, created in the millennia when Europe descended into – and emerged from – the last great Ice Age.

"These symbols are all over these cave walls, but no one really notices them," says Genevieve von Petzinger, of the University of Victoria, in British Columbia. "For example, in Werner Herzog's recent documentary about Chauvet, Cave of Forgotten Dreams, he concentrates totally on the paintings of the horses and rhinos and lets his camera sweep past the symbols as if they simply are not there."

That is a mistake, according to von Petzinger... The Guardian

Link 2: 14-03-12. ¿Los primeros Homo sapiens se comunicaban a través de símbolos?
Related post: 16-07-10. Geometric Signs: Pectiform.