viernes, 20 de julio de 2012

IV Seminario de Tecnología Prehistórica (2012)

IV Seminario de Tecnología Prehistórica: "La agricultura prehistórica: Metodología de investigación"

Fecha de Celebración: 6 a 9 de noviembre de 2012
Lugar de Celebración: Institución Milá y Fontanals, CSIC (Barcelona)

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Ciencia para Escuchar: Los homínidos de Atapuerca

Entrega del programa radiofónico de divulgación científica Vanguardia de la Ciencia, a cargo de Ángel Rodríguez Lozano, en Ciencia para Escuchar...

Hemos podido visitar los yacimientos más importantes de Atapuerca y hoy les ofrecemos un adelanto de lo que vimos, más adelante elaboraremos un programa especial. Hablamos con Eudald Carbonell, arqueólogo, Director del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social y codirector del Proyecto Atapuerca.

Se puede escuchar el podcast en  cienciaes.com

How to Resurrect a Mammoth Protein [Interactive]

In the August issue of Scientific American , physiologist Kevin Campbell of the University of Manitoba in Canada and molecular biologist Michael Hofreiter of the University of York in England describe recent advances in biotechnology that are enabling researchers to reassemble genes from long-vanished creatures and resurrect the proteins those genes encode. Their efforts have demonstrated that it is possible to observe physiological processes that took place in animals that have been extinct for thousands of years. The interactive below shows how Campbell and Hofreiter recreated the red blood cell protein hemoglobin from a woolly mammoth and then observed how that protein functioned, revealing a key adaptation to cold climate.
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Un cráneo completo de oso de casi un millón de años de antigüedad aparece en Atapuerca

El yacimiento de la Gran Dolina en Atapuerca (Burgos) guardaba desde hace cerca de un millón de años el cráneo de un oso (Ursus dolinensis), el primero que se encuentra de esta nueva especie en el mundo. En la campaña de excavaciones 2012, que comenzó el 17 de junio, los arqueólogos y paleontólogos han hallado además herramientas de piedra de 370.000 años, y, como adelantaba SINC la semana pasada, ocho nuevos individuos de hace 4.3000 años en un sepulcro colectivo en la Cueva de El Mirador.

Presentació de les troballes d'aquesta campanya, divendres 20 de julio als mateixos jaciments d'Atapuerca - Jordi Mestre/IPHES
La campaña de excavaciones que finaliza el próximo 25 de julio ya ha dado algunos frutos. El equipo de Investigación de Atapuerca han presentado hoy los nuevos hallazgos, entre los que destaca el cráneo completo de oso (Ursus dolinensis) en el nivel TD4 en la Gran Dolina de entre 900.000 y un millón de años de antigüedad.

Los nuevos restos fósiles aportan “nuevas pistas para poder definir esta especie”, ha declarado a SINC el arqueólogo Jordi Rosell, de la Universidad Rovira i Virgili y del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES). Es una especie que parece que estaría muy cercana del ancestro común entre los osos pardos actuales (Ursus arctos) y el gran oso de las cavernas (Ursus spelaeus).

Cráneo de un oso hallado en la Gran Dolina de Atapuerca. / Jordi Mestre / EIA
“El oso utilizaba las cuevas para hibernar, de hecho hemos encontrado actividades de hibernación y algunos zarpazos en la pared, pero no competía directamente con los carnívoros”, aclara Rosell, responsable del nivel TD4 en la Gran Dolina, quien señala también que los restos fósiles descubiertos podrían pertenecer a animales viejos que mueren durante este período o a cachorros.

Según los científicos, el cráneo completo de Ursus dolinensis hallado durante esta campaña permitirá clarificar la posición de esta especie en el árbol evolutivo de los osos. Su comparación con otros yacimientos euroasiáticos servirá para conocer su expansión territorial por Europa, y si fue una especie endémica de la Sierra de Atapuerca y de la Península Ibérica.

Bifaces entre bisontes

En el nivel TD10.2 de la Gran Dolina, los científicos han seguido encontrando restos de 370.000 años de antigüedad de bisontes, lo que confirma el “absoluto predominio” de estos fósiles. Pero a estos se suman restos que apuntan a un uso prácticamente exclusivo del sílex, que confirmaría “una extrema especialización tecnológica”, totalmente desconocida hasta ahora en Atapuerca.

En la base del nivel de los bisontes han aparecido además bifaces, instrumentos característicos del período Achelense (hace entre 700.000 y 100.000 años) que también se han hallado en el yacimiento vecino de Galería, y también en la Sima de los Huesos.

Bifaç de sílex trobat a TD 10 de Gran Dolina. Lús quasi únic d'aquest material en aquest nivell avala l'alt grau d'especialització tecnològica - Jordi Mestre / IPHES
Con este descubrimiento los arqueólogos pretenden relacionar los datos de las tres cavidades donde aparece esta tecnología para definir el uso que se dio a cada uno de estos espacios. El objetivo final es conocer las formas de vida de los grupos de Homo heidelbergensis.

Durante la presentación de los hallazgos hoy, los codirectores del Proyecto Atapuerca, José María Bermúdez de Castro, Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga han señalado que gracias a los trabajos iniciados hace 10 años, se ha llegado ya a los niveles basales en la Gran Dolina. De este modo, todos los niveles fértiles desde el punto de vista arqueopaleontológico han sido ya sondeados y se tienen datos sobre cuál es la dinámica general en cada uno de ellos.

La principal aportación es que, según el registro de industria lítica documentado, se puede afirmar la presencia humana continua en todo el tramo del Pleistoceno inferior de este yacimiento (hace entre un millón de años y 800.000 años)... SINC / Link 2

Actualización. El primer 'santuario' de la Humanidad, en Atapuerca.

La falange de un niño encontrada en la campaña de excavaciones de este verano en la Sima de los Huesos, el yacimiento más rico del mundo en fósiles humanos, sitúa en esa parte de Atapuerca el primer "santuario de la humanidad", ha afirmado este viernes uno de los codirectores de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga.

Ha precisado que se trata de la falange distal, la que tiene la uña, del dedo meñique de un pie de un niño que vivió en la sierra de Atapuerca hace entre 300.000 y 500.000 años, lo que, a falta del resultado de los análisis de laboratorio, podría corresponder a un Homo Heidelbergensis.

Se trata de uno de los huesos más pequeños del cuerpo, dado que sólo los del oído medio tienen menor tamaño, aunque su relevancia es "enorme" para avalar la teoría de los codirectores de Atapuerca respecto a la razón de la acumulación de huesos de homínidos en la Sima de los Huesos, que es "el mayor misterio actual de la Arqueología", ha afirmado Arsuaga.

Una vez descartada la hipótesis de algún accidente o catástrofe, se había planteado como alternativa que los huesos hubieran sido llevados a ese lugar por animales carnívoros de gran tamaño.

Sin embargo, la aparición de este hueso pequeño del pie descarta esa opción, porque de haber sido obra de carnívoros, éstos habrían devorado los huesos de manos y pies completamente, más en el caso de los de un niño.

6.500 fósiles

Arsuaga ha afirmado que, aunque no toda la comunidad científica esté de acuerdo, los codirectores de Atapuerca creen que los cadáveres fueron depositados allí por otros humanos, lo que sería la "prueba más antigua de un comportamiento humano simbólico de tipo funerario".

En la Sima de los Huesos se han encontrado hasta ahora 6.500 fósiles, entre ellos 30 esqueletos casi completos, de hace entre 300.000 y 500.000 años, lo que convierte a este yacimiento en el más rico del mundo en restos de homínidos.

En esta misma campaña se han localizado también restos de un cráneo, parte de una mandíbula y un húmero que ahora se estudiarán para conocer detalles y saber si se trata de nuevos individuos o de partes de los que ya se han encontrado algunos huesos.

Restos humanos de la Sima de los Huesos. Fundación Atapuerca
Arsuaga ha presentado este viernes el balance de las excavaciones de este verano en Atapuerca, en las que han participado 150 investigadores, junto a los otros dos codirectores de los yacimientos, Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro... elmundo.es

La mujer de los orígenes

Libro: La mujer de los orígenes (Feminismos)
Claudine Cohen (Autor)
Tapa blanda (reforzada): 208 páginas
Editor: Ediciones Cátedra; Edición: edición (1 de diciembre de 2011)
Colección: Feminismos
Idioma: Español

Índice:
Prólogo; Introducción. La mitad invisible de la humanidad; Capítulo 1. Eva y Lucy: los mitos del origen; Capítulo 2. La mujer y el devenir del Hombre; Capítulo 3. La vida sexual en el Paleolítico; Capítulo 4. Los avatares del matriarcado; Capítulo 5. Los mitos de la “Gran Diosa”; Capítulo 6. La nueva situación: feminismos en prehistoria; Conclusión; Bibliografía; Mapa; Cronologías.

Contenido:
El Hombre prehistórico era también una mujer. Esta comprobación apenas se les había ocurrido a los primeros prehistoriadores, y durante mucho tiempo la pregunta sobre el lugar y el papel que ocupaba la mujer ha sido marginada en las investigaciones prehistóricas. Es el “hombre prehistórico”, el artesano, el ca­zador, el artista, el conquistador, el que sobre todo ha alimentado los debates científicos. La mujer, ella, a menudo fue considerada como tristemente pasiva y reproductiva, y abandonada a los fantas­mas, a los mitos inspirados de la Bi­blia, o a lugares comunes divulgados desde el siglo XIX.

Reseña:
El primer hombre, llamado Lucy, fue una mujer.
Cuando su fósil apareció en el corazón de Etiopía, la moderna antropología sufrió un giro radical. Lucy había vivido en el Paleolítico, en compañía de otras especies extinguidas, y de su compañero, el hombre, con quien caminaba erguida en busca de comida y abrigo.

Un protagonista constante, el hombre, que, a pesar de las evidencias arqueológicas, robaría a la mujer primitiva, desde el principio mismo de la historia de la humanidad, todo protagonismo. El hombre paleolítico era, además de jefe de clan, un cazador intrépido, capaz de abatir las más sanguinarias piezas y de comunicarse con los dioses a tavés de esa sangre sacrificial. La mujer, en cambio --según la antropología clásica, se limitaba a iniciarse en lo que hoy llamaríamos tareas del hogar: acondicionamiento de cuevas, cuidado de los niños, preparación de los víveres... resignándose a una existencia vicaria y pasiva.

Claudine Cohen, sin embargo, ha rebatido estos y otros tópicos en un interesante ensayo titulado Feminismos, que ha sido publicado por la editorial Cátedra y que, salvando toda abstrusa dificultad científica, llega al lector envuelto en claridad.

Cohen arranca de los mitos del origen y de la leyenda de la Eva bíblica para comenzar erradicando algunos de los roles machistas adheridos a la investigación antropológica. Pasará después a analizar con detalle la influencia de Darwin en tales estudios, profundizando en la teoría de la evolución de las especies a través de la selección sexual. El simbolismo, la dualidad de los sexos y el carácter sacral del embarazo y del parto engrosarán un capítulo más vinculado con los estudios del psicoanálisis y con los análisis de Jung.

Las distintas teorías sobre el matriarcado ocuparán otro ciclo. La autora buceará en el sistema constructivo de los clanes y en los lazos sanguíneos de una misma familia a través de la saga matrilineal. De ahí a los mitos de la diosa madre y a los rituales de fecundidad de las religiones neolíticas mediterráneas hay sólo un paso. Desde la Venus de Willendorf hasta la Ariadna perdida en el laberinto toda una mitología de diosas y reinas, de madres y magas se ceñirá a muy distintas civilizaciones como una misteriosa corona.

Para meditar muy en serio sobre el origen de la pareja humana. Bolea / Sala de Máquinas

Los secretos de Lezetxiki

Aranzadi Zientzia Elkartea finaliza la campaña 2012 en la cueva

Lezetxiki se ha convertido en los últimos años en uno de los yacimientos más reconocidos nacionalmente. Y no es para menos. Dos dientes neandertales, un húmero de una mujer, fósiles de osos cavernarios, cabras montesas y en los últimos años restos del llamado ratón de abedul, que hoy en día se encuentra en los alrededores de Moscú y el fragmento de la mandíbula inferior del posiblemente «último mono de Europa», el 'Macaca Sylvanus', son entre otros los secretos que han visto la luz en la gruta arrasatearra.

El trabajo no cesa y como cada verano, desde 1996, Lezetxiki acoge a una veintena de estudiantes de Geología e Historia, que trabajan codo con codo en labores de excavación, muestreado y tamizado, bajo las direcciones del profesor de Prehistoria de la Universidad del País Vasco, Álvaro Arrizabalaga. Para el oñatiarra David, estudiante de Historia de 21 años de edad, este es su segundo año en Lezetxiki por lo que cuenta con más experiencia. «En el primer año siempre tenía que preguntar a los más veteranos, y esa experiencia ha hecho que en este segundo año deje de hacerlo, aunque sigues aprendiendo». A David le gusta el trabajo en Lezetxiki aunque asegura que también le gustaría trabajar en otros campos de trabajo.

La campaña en la cueva arrasatearra finaliza hoy y aunque Arrizabalaga no ha querido adelantar ningún hallazgo, sí que ha señalado que la campaña ha sido fructífera. «Está habiendo una densidad de hallazgos muy buena, por encima de la media», afirmaba Arrizabalaga. Entre otros, han sido hallados huesos de una especie de oso y herramientas que siguen evidenciando la presencia humana.

Las características de la cueva según Arrizabalaga «son ahora del orden de 160.000 años de ocupación de sedimentación continuada. El problema es que aparezcan secuencias entrecortadas. Sin embargo, Lezetxiki cuenta en este momento con un registro continuo. Siete metros y medio de secuencia en la que tenemos sedimento con la fauna que había en esos momentos y con la industria de las ocupaciones humanas que se van alternando con la presencia de los animales». Con una secuencia larga, Lezetxiki es «un yacimiento paleontológico excepcional, en el que tenemos muy bien contestualizado los comportamientos del ser humano de cara a explotar ese medio animal, así como de los animales. Pero sobretodo, esa presencia de cuatro primates, que es algo también extraordinario», añade Arrizabalaga.

La cueva se sigue extendiendo, por lo que según asegura Arrizabalaga, hay trabajo para al menos tres años más. «El lugar más extremo al que llegamos por una grieta que hay entre el sedimento del techo, alcanza al menos un metro y no se llega a tocar el fondo. Ha habido suerte en este puntos ya que queda mucho sedimento. La cueva se va extendiendo, con más materiales arqueológicos»... Diario Vasco

Afloran nuevas pinturas en Candamo

  • El equipo encabezado por la catedrática de la Universidad de Salamanca Soledad Corchón completa su campaña estival.
  • Los investigadores se internan en estancias inexploradas de la caverna de la Peña
Al entrar en la cueva de San Román de Candamo parece que las galerías están cerradas, detrás de todos sus pliegues, y que terminan ahí. Pero con buen ojo, resulta que aquí y allá surgen angostos pasadizos y estrechas ranuras, por las que, después de arañarse, reptar, gatear y superar algo de claustrofobia, han aparecido salas desconocidas hasta ahora. Y en el suelo de uno de esos recónditos espacios, así ha aparecido un caballo; en otro, un uro y un ciervo, además de múltiples círculos y rayas, inalterados por el paso del tiempo pero, sobre todo, por la acción de la mano humana, que tanto se ha cebado con la cueva asturiana.

Con todo, aquí abajo el ambiente se hace más ligero y el aliento toma cuerpo al salir de la boca. Es una estancia altísima, casi irreal, tenuemente iluminada y por la que deambula una potente linterna de LED. Se trata del corazón de la cueva de la Peña, donde estos días el equipo que dirige la catedrática en Prehistoria de la Universidad de Salamanca Soledad Corchón se emplea, minuciosamente, en documentar y explorar las pinturas rupestres para luego estudiarlas. Y, por el camino, con el trabajo que lleva desarrollando aquí desde el año 2008, a hacer nuevos descubrimientos.

La acompañan los doctores Diego Gárate y Olivia Rivero, además de las doctorandas Paula Ortega y Clara Hernando, las cuatro atentas caras que se inclinan sobre sus espacios de trabajo con la cara muy pegada al panel que ahora se ocupan de documentar. Ellos son solo una parte del puzzle de veinte profesionales (entre ingenieros, químicos y geólogos) que, como explica Corchón, se dedican a documentar («y conservar», repite con afecto profesional) aquello que pervive bajo la superficie. Son pinturas «de todo el Paleolítico», de entre 25.000 y 11.000 años de antigüedad, rasgo que, como insiste Gárate, «le confiere un carácter muy especial a la cueva: el panel principal es uno de los poquísimos en la cornisa cantábrica que ha sido utilizado durante tanto tiempo, con intervenciones superpuestas».

Solo 45 personas pueden sumergirse en este mundo silencioso y vibrante, congelado, al día, «y ya son demasiadas», lamenta Corchón: «No deberían ser más de 15». Porque las pinturas aparecen rayadas por encima sin cuidado alguno y, el entorno, claramente intervenido y rellenado en tiempos pasados. Hay estalactitas rotas, pinturas quebradas y rayajos bien poco paleolíticos por todas partes, amén de una agresiva escalinata de piedra y un suelo hecho a base de escombro, herencia de la época en que la cueva fue usada como cuartel durante la Guerra Civil.

Por eso Corchón y Gárate arquean las cejas ante la posibilidad de entrar en los últimos recovecos que han encontrado. Además, se afanan en completar y marcar digitalmente las imágenes tomadas por los ingenieros. Porque, como dice la doctora Corchón, lo que por primera vez se ha hecho en esta cueva, Patrimonio de la Humanidad, es inmortalizar en tres dimensiones todo el panel principal, que ahora se ocupan de revisar y de señalar, como astrónomos en busca de nuevas constelaciones, con un cuidado exhaustivo y los originales al alcance de la mano. «Pero sin tocar».

Esto les ha permitido dar, en el propio panel, con un uro que a simple vista cuesta ver, pero que empieza a adivinarse a medida que, con sumo cuidado, lo señalan haciendo sombras casi chinescas con los dedos, a la luz de sus linternas de luz fría. «Esto», dice orgullosa la catedrática, «no es nuestro: es de toda la humanidad. Por eso hay que tratarlo con tantísimo cuidado».

Esto no es una reproducción, esto no es 'de mentira', por alucinante que parezca: ante los ojos se revela de pronto un morro, o un lomo, o un ojo pergeñado con unos trazos que poco tienen de torpes y completado, para redondear la sensación, con arañazos que, como explica Rivero, en tiempos lucían espectaculares, con un vivo color blanco atenuado por el tiempo y por el barniz de los sedimentos. Ahora solo se intuyen, brillantes y melosos, bajo la luz y la mirada atenta.

Los nuevos descubrimientos aún están pendientes de datación en el laboratorio parisino con el que suelen trabajar, en el que la doctora Hélène Vallades, del centro Gif sur Yvette, les aplica el radiocarbono. «Tardarán unos meses», según Gárate. De momento, cuando terminen esta campaña (una de las tres que se realizan anualmente), estarán un paso más cerca de 'llevarse' y estudiar fuera de estos imponentes y brillantes muros la imagen tridimensional del panel, gracias a la novedosa técnica, conocida como 'fotogrametría'. Para que las más de cincuenta figuras sigan donde las encontraron. Donde las pintaron.   ALEJANDRO CARANTOÑA / El Comercio Digital