domingo, 2 de septiembre de 2012

Hallan nuevas pinturas rupestres en la cueva de Askondo

Los expertos calculan que las obras descubiertas en el interior de la caverna datan de hace 24.000 años

La mano de los primeros Homo sapiens está detrás del arte rupestre de la cueva de Askondo. Así se desprende al menos de los análisis realizados por un equipo de veinte expertos coordinados por los arqueólogos Diego Gárate y Joseba Ríos. Los estudiosos calculan que la quincena de pinturas y grabados hallados en el interior de la caverna podrían tener una antigüedad de 23.800 años. El informe, que saldrá a la luz a finales de mes en la revista de arqueología Kobie que edita la Diputación de Bizkaia, revela también el hallazgo de dos nuevos caballos y varios «trazos pareados no figurativos», además de nuevos niveles de ocupación entre la época Neandertal y la Edad de Bronce. Pese a que los estudios han concluido, Gárate no descarta la necesidad de emprender nuevas excavaciones para profundizar cronológicamente en los asentamientos humanos.

Más de 40.000 años. Esa es la fecha en la que se asentaron los primeros moradores de la cueva de Askondo en Mañaria, neandertales que encontraron en esta gruta ubicada en la reserva natural de Urkiola un refugio para hacer frente a las bajas temperaturas y los depredadores. Según la prueba del carbono y los sondeos realizados en varios cubículos de un metro cuadrado excavados en la gruta, las primeras ocupaciones humanas pertenecían al período Musteriense, en el Paleolítico Medio, y continuaron hasta la Edad de Bronce, hace 30.000 años. Es, sin embargo, a medio camino entre ambas, concretamente hace 23.800 años, en la época Gravetiense del Paleolítico Superior, donde se han datado los mayores descubrimientos.

Se trata de diez caballos, una mano en positivo -la primera encontrada en Euskadi-, varias series de trazos pareados no figurativos y el primer hueso calcificado de un animal «hincado» en la pared que se encuentra en el territorio histórico. Son figuras pintadas en rojo o grabadas, influenciadas por elementos artísticos del resto de la Península Ibérica y de Europa Occidental, que han permanecido ocultas al paso del tiempo, a salvo de la extracción de mármol que se realiza en los alrededores y de los furtivos que merodeaban por la galería desde que en 1963 se localizaron allí dos cráneos de oso.

A la docena de figuras descubiertas a principios del 2011 por los arqueólogos Diego Gárate, Joseba Ríos y Ander Ugarte durante una visita a la cueva, se han sumado alrededor de media decena más. La mayor sorpresa mientras ha durado el trabajo de campo, que concluyó en octubre del pasado año, ha sido el descubrimiento «bastante tardío» de nuevas figuras tan deterioradas que se habían pasado por alto, explicaba Diego Gárate. Dos caballos y diversos trazos de color rojo «muy apagado, casi muerto», junto al resto de pinturas que descansan en la parte más cercana a la entrada de la cueva, una zona que se derrumbó parcialmente por la actividad de la cantera próxima.

La primera mano en positivo

Es, precisamente, la exposición a la luz y el hollín de las hogueras la principal causa de deterioro de los murales ubicados en esa primera pared, donde se habían localizado tres caballos enteros -dos de ellos de más de metro y medio- pintados en rojo. Ese primer hallazgo también permitió identificar un caballo con curvatura en la zona de la boca que los expertos denominan «morro con forma de pico de pato» y que se observa en otros conjuntos localizados en Francia y el interior de la Península, y una cabeza de equino en rojo.

A diez metros de la entrada, aparecían los rasgos de un animal de dos metros y la primera mano en positivo de Bizkaia junto a dos trazos paralelos típicos de la zona cántabra. También decoraba el tramo un hueso de animal hincado en la pared a dos metros de altura, típico de cuevas del Pirineo y que los expertos relacionan con alguna actividad artística, además de puntos, manchas y una serie de grabados subverticales no figurativos.

Este conjunto de arte rupestre cantábrico, sitúa a Askondo en el podio de las cuevas de Bizkaia, en cuanto a arte parietal paleolítico se refiere, tras Santimamiñe y Arenaza. Además, se trata de una de las pocas oquedades de la cornisa cantábrica con pinturas rupestres ubicadas en el interior y no en la costa. «Parecía que en Euskadi había una densidad menor de cuevas decoradas y poco a poco se van descubriendo», matizó Gárate. MANUELA DÍAZ / El Correo

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«El Museo del Sidrón está aparcado, no muerto»

Adolfo Rodríguez Asensio Director general de Patrimonio Cultural

Profesor de la Universidad de Oviedo, especialista en prehistoria y apasionado buscador de las verdades que encierran las entrañas de la tierra, ha vuelto a dejarse envolver por los enormes ventanales del edificio Calatrava que no tienen -advierte desesperado- mecanismo de apertura. Y está Adolfo Rodríguez Asensio atrapado en ese gigante arquitectónico porque ha regresado a las filas de la política, a su antiguo puesto de director general de Patrimonio Cultural. Lo hacía a la vez que el verano llegaba a los calendarios y asume que mientras en su despacho se quería caminar hacia adelante, fuera «el país ha estado de vacaciones».

-Los trabajos de excavación han vuelto a la cueva del Sidrón. ¿Hasta cuando está asegurada la financiación de la investigación?

-Hasta 2014, con una aportación de algo más de 80.000 euros anuales. Pero el fin no son solo las excavaciones, que no creo que requieran muchas campañas más, sino la realización de estudios antropológicos y geológicos del yacimiento.

-El anterior Gobierno rechazó de plano la creación del Museo del Sidrón, ¿ustedes lo retomarán?

-Está claro que ahora no podemos siquiera hablar de él. Estando las cosas como están...

-Pero ¿y cuando dejen de estar? La crisis no puede durar siempre.

-Hombre lo que está claro es que si la crisis acaba se retomarán los planes. El proyecto del Museo del Sidrón está aparcado, pero no muerto. Ahora bien todavía habría mucho que hablar. Los expertos deben decidir cuál es el mejor discurso a plantear, cómo se podrían poner en valor todos los hallazgos sobre el hombre neandertal y el conocimiento que ha arrojado la investigación en la cueva de Piloña.

-Una de las últimas teorías sobre los neandertales es que pudieran estar en el origen de las pinturas de cuevas como la de Tito Bustillo ¿Qué opina de esto?

-Lo niego rotundamente. Estoy totalmente en contra de esas teorías, que no prueban más que con los neandertales se vive un efecto péndulo. Ha pasado de ser sinónimo de insulto, de bruto y horrible a listo y guapo. Vamos que ahora parece que a un neandertal le pones traje y corbata y le colocas en un autobús y nadie notaría la diferencia con un hombre moderno. Ni eran tan brutos ni tan listos, y desde luego no tenían capacidad artística.

-Las conclusiones se adoptaron tras unas pruebas con uranio que databan las pinturas asturianas 35.000 años atrás.

-Y esas dataciones son interesantísimas. Todos los datos nuevos lo son, pero no olvidemos que neandertales y homo sapiens convivieron juntos muchos años. Para que yo me crea que los neandertales tenían capacidad de pintar tendrían que traerme pruebas concluyentes.

-En Asturias hay 50 cuevas cargadas de historia, de pinturas o de grabados. Pero solo se está trabajando en el Sidrón.

-Es la única que se ha librado de la crisis. La única, de las cincuenta, que tiene los recursos asegurados.

-Sin embargo en la cueva de la Peña de Candamo van a intervenir próximamente ¿no?

-Sí, con dinero del Ministerio de Cultura, que abrió una convocatoria para cavernas declaradas patrimonio de la Humanidad. El Ayuntamiento de Candamo se presentó y consiguió financiación. Tenemos que quitar las barandillas de hierro que están oxidadas, cambiar la instalación eléctrica y también una pequeña escalinata que se realizó en tiempos de Menéndez Pidal para acceder a la galería de las pinturas y que parece de la cabaña del Tío Tom. Pero sobre todo queremos levantar del suelo una capa de escoria que se echó para evitar la humedad y que está siendo contaminante.

-¿Peligrarán las pinturas con tanta intervención?

-Tenemos que trabajar de manera que no se provoque ni siquiera polvo para que no les afecte. Hay que estudiar técnicamente la manera. Aprovechando esta intervención también queremos colocar unos medidores de temperatura y humedad para tener referencias detalladas y conservar mejor el conjunto.

-¿Esos medidores solo se pondrán en la cueva de la Peña?

-En realidad queremos colocarlos también en el Pindal, en Tito Bustillo, Llonín y la Covaciella. Pero tendrán que hacer una valoración los técnicos de la Universidad.

-¿Qué importancia tiene la Universidad en todo el entramado?

-Toda. De nosotros depende una voluntad de investigar, conservar y difundir, pero está en manos de los técnicos de la Universidad que podamos llevar a cabo los proyectos. Necesitamos crear un convenio marco con la institución académica para seguir investigando, que es uno de los pilares de nuestro reto global y también poder conservar con eficacia, otro de los objetivos.

-¿Cómo influyen las visitas a las cuevas en su conservación?

-También ahí tiene importancia la participación de los expertos de la Universidad. Ellos son los que tienen que valorar. Yo me sigo preguntando ¿podremos mantener Tito Bustillo abierto ocho meses al año? Tenemos que analizar la situación.

-¿Es el único elemento que interfiere?

-Hay otros factores fundamentales básicos, como las plantaciones de eucaliptos sobre las lomas donde están metidas las cuevas. Dañan de tal manera los legados, que, por ejemplo, en las Pedrosas, hay raíces de metros de largo dentro de la cueva. Ahora estamos estudiando la fórmula más adecuada para evitar ese hecho en concreto. Pero hay más, Tito Bustillo se inunda por las crecidas del río San Miguel y esas aguas llegan con materia orgánica dañina. Sin ir mas lejos al Pindal llega el mal olor de una ganadería cercana, que vaciaba sus cuadras por esa zona.

-¿Hay cuevas que permanecen cerradas no por peligro, sino por falta de demanda?

-Sí y estamos pensando, precisamente, en crear un sistema de visitas a demanda, para no tener a una persona, por ejemplo en la cueva de la Lluera, que volveremos a reabrir, esperando a que vaya alguien.

-¿Y esas peticiones dónde se deben hacer?

-En el Museo Arqueológico. En realidad las cuevas deben ser entendidas como salas externas del museo y es el museo el que debe centralizarlo todo. Estamos pensando crear desde allí ciertas rutas, por ejemplo, por el arte grabado de las cuencas del Nalón.

-Por cierto, ¿como va el catálogo de bienes patrimoniales? En 2001 se firmó un convenio para tenerlo culminado en 2011.

-Tenemos que hablar en plural. Son varios catálogos. Los arqueológicos, los de bienes monumentales, el etnográfico, el de arqueología industrial. Lo cierto es que unos están mucho más avanzados que otros, pero una de nuestras prioridades en la Consejería de Cultura es presentar una primera fase dentro de muy poco tiempo. Ahora bien no hay que olvidar que un catálogo siempre debe quedar inacabado, porque debe ser susceptible de ser ampliado en cualquier momento.

-¿Cuál está más adelantado?

-El de bienes arqueológicos. La carta arqueológica de Asturias está casi concluida, pero no es perfecta, se ha hecho por concejos y en unos está genial y en otros es un desastre. También está bastante avanzado el catálogo de bienes monumentales.

-Y hablando de catálogos, ¿que sabe del inventario de bienes del Tabularium Artis Asturiensis?

-No hemos vuelto a saber nada, pero si le puedo decir que mi predecesor en este cargo en el Gobierno anterior estaba muy directamente vinculado con la colección y no se dio un solo paso adelante.

-¿Lo dan por perdido?

-No, seguimos estando interesadísimos, pero le recuerdo que solo llevo dos meses en el cargo y han sido dos meses en los que el país ha estado de vacaciones.

-Un parón que parece haber contagiado a las obras de ampliación del Bellas Artes?

-Van muy lentas, pero van.

-¿Ya ha tomado una decisión para mostrar los restos hallados en su subsuelo?

-Sí, queremos que los restos de la fuente y algún agujero de poste de estructura de casas medievales que se conserva pueda ser contemplado a través de una especie de urna de cristal. No será bajo un suelo de cristal que podremos pisar, como se pensó en un principio. Ahora bien lo que quiero es que ese conjunto histórico pueda verse desde la calle. Su proximidad a la calle de la Rúa lo hace factible y seguramente así quedará. PACHÉ MERAYO / elcomercio.es/