domingo, 16 de diciembre de 2012

Las temperaturas máximas en el área mediterránea han sido similares a las del clima global terrestre en el último millón de años

... Un reciente artículo publicado en la revista Geology demuestra que las máximas de temperatura en el área mediterránea durante el último millón de años han seguido unas pautas y amplitudes similares a las del clima global terrestre, tal como éste ha sido reconstruido a partir de los sondeos en el hielo y en el mar.

El autor principal del artículo es Hugues-Alexandre Blain, investigador del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social) en España, y el trabajo realizado se basa el yacimiento de la Gran Dolina, en la Sierra de Atapuerca (Burgos), único en el ámbito peninsular por poseer una larga secuencia arqueológica y paleontológica que ha registrado muchos de los cambios en los ecosistemas ibéricos durante el último millón de años. [...] NCYT

Actualización 16-04-13. Investigan la evolución del clima a partir de fósiles de anfibios y reptiles hallados en la Gran Dolina
Conocer cómo era el clima de la Tierra en el pasado es el objetivo de los paleoclimatólogos. Estos científicos emplean diversas técnicas para realizar sus estimaciones, como el análisis de capas de hielo polares, los anillos de los árboles o los sedimentos. En esta última línea trabajan miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), quienes estudian desde hace varios años la evolución del clima a partir de restos de microfauna hallados en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca.

Se trata de un nuevo enfoque para abordar el problema en base a las variaciones registradas en la composición de la microfauna la Sierra. El equipo, dirigido por la profesora de la Universidad de Zaragoza Gloria Cuenca-Bescós, tiene en el yacimiento de la Gran Dolina una gran fuente de información, ya que cuenta con un amplio registro paleontológico que permite investigar el clima del último millón de años...

Le secret ignoré des peintures rupestres

Dans les grottes, les dessins d'animaux sont placés là où il y a beaucoup d'échos et de fortes résonances.

Les hommes du paléolithique ne choisissaient pas au hasard les parois où ils peignaient des mammouths, des aurochs, des cerfs, des chevaux. La plupart des peintures rupestres ont été exécutées là où la cavité amplifie l'intensité et la durée des sons et où il y a de nombreux échos. Des études conduites à la fin des années 1980 par Iegor Reznikoff et Michel Dauvois ont montré que les grottes constituent un univers sonore tout à fait extraordinaire. «Il est illusoire de comprendre le sens de l'art pariétal en le limitant à l'aspect visuel», souligne Iegor Reznikoff, mathématicien, philosophe des sciences et spécialiste de l'art vocal ancien. Pour lui, il n'est pas concevable de regarder les peintures rupestres comme de simples scènes de chasse. Quand elles étaient éclairées à la torche, les voix leur donnaient «une signification rituelle, voire chamanique».

L'association entre le son et l'image dans l'art rupestre vient d'être confirmée en Espagne dans les abris sous roche de la région de Vallorta, au nord de Valence (Journal of Archaeological Science, décembre 2012). Des tests acoustiques utilisant la voix humaine, un sifflet et les battements de main ont montré que là-bas aussi les peintures sont concentrées dans les endroits caractérisés par une forte résonance acoustique et de nombreux échos. Moins célèbre que l'art magdalénien, l'art pariétal levantin est moins ancien (entre -10.000 et -6500 ans) que celui de la grotte Chauvet (-30.000 ans) ou de Lascaux (-18.000 ans). Réalisés par des éleveurs et des agriculteurs, les dessins représentent du bétail - beaucoup de chèvres - et des humains en train de chasser et de se battre, figurés de manière très schématique. [...] lefigaro.fr/

Actualización 20-12-12. El secreto ignorado de las pinturas rupestres: se ubicaban en los mejores lugares de resonancia acústica

El Sol guió al Hombre del Parpalló

Un estudio del astrónomo José Lull revela que en la elección de la cueva gandiense por sus pobladores influyó que el astro rey ilumina su fondo e indica los equinoccios - Lull documenta la alineación solar y aporta la teoría de su carácter sagrado

El haz de luz atraviesa la «sala B», antes de llegar a la C, la más profunda, el 20 de marzo de 2011.  JOSE LULL
La Cova del Parpalló, en Gandia, uno de los yacimientos paleolíticos más importantes del Mediterráneo peninsular, pudo albergar un santuario vinculado a la fertilidad. A este halo místico ayudaría que una de las salas de esta cavidad, la más profunda, marca perfectamente las épocas en que los días son iguales a las noches en toda la Tierra (los equinoccios), especialmente el del inicio de la primavera.

Se trata de una conjunción astronómica entre la cavidad y el Sol, pero que durante el Paleolítico Superior serviría a sus moradores como indicador para abandonar el refugio a partir de esas alturas del año, ya con temperaturas menos acusadas en una era mucho más fría que la actual, y buscar recursos y sustento para resguardarse de nuevo en invierno.

Esta es la tesis que mantiene el arqueoastrónomo y egiptólogo gandiense José Lull, que quiso saber si en la Cova del Parpalló también se producían alineaciones solares similares a las que hace unos años documentó en tres cavidades más: el Arc de Santa Llúcia (Penàguila, l’Alcoià), la Cova Bolumini (Beniarbeig) y la Penya Foradà, en la Vall de Gallinera. Sus aportaciones para resolver estos enigmas y la labor divulgativa posterior han servido incluso como reclamo turístico en la Marina Alta y l’Alcoià.

El estudio del Parpalló lo reveló Lull este viernes en el Congreso Estatal de Astronomía, que desde el jueves y hasta hoy ha reunido a 180 aficionados y profesionales en el campus de la Universitat Politècnica de València.

La Cova del Parpalló, Patrimonio de la Humanidad, ya era apreciada por el valor de su arte mueble. Las campañas del arqueólogo Lluís Pericot entre 1929 y 1931, y los análisis de José Aparicio a principios del siglo XXI, permitieron hallar más de 5.000 plaquetas pintadas o grabadas con motivos de flora, fauna y otros elementos, lo que la convierte en el conjunto de arte mueble paleolítico más abundante de Europa.

Su primera ocupación humana fue hace 27.000 años. El apogeo de las plaquetas se dio entre el 20.000 al 15.000 antes de nuestra era, y durante el magdaleniense (hace entre 17.000-14.000 años), la cueva registró una intensa presencia de pobladores. Es conocido que sus moradores escogieron esta cavidad por su orientación al sur que hizo de ella un lugar ideal en invierno, en una época de clima gélido. El máximo glacial tuvo lugar hace 18.000 años. Ese clima frío y seco conferían al paisaje y al entorno un aspecto bien diferente al actual, donde los ciervos, durante el magdaleniense, se conviertieron en el primer objetivo de los cazadores parpallonenses.

Ahora José Lull aporta varios elementos más para la reflexión: «el posible carácter sacro» de la cueva y su utilidad como marcador equinoccial. «De ser acertada esta hipótesis –advierte– estaríamos hablando del más antiguo observatorio equinoccial conocido».

En primer lugar, Lull considera que la entrada de la cueva, con su caprichosa forma vertical, podría haber simbolizado los genitales de una mujer, como diosa madre. «La visualización de elementos topográficos con la madre tierra se reproduce en muchas sociedades y, a menudo, bajorrelieves o pinturas del cuerpo femenino o sus genitales enfatizan el carácter femenino de una cueva y su relación con ritos de fertilidad». Como ejemplo sitúa la amplia distribución geográfica que tienen las figurillas y relieves de las llamadas «Venus» por toda Europa. Pero la alineación solar durante los equinoccios en el Parpalló es el aspecto más asombroso. Para comprobarla, José Lull no se fijó en la parte baja (donde se encontraron las plaquetas), sino en las tres salas de la parte superior.

Trabajo de campo

El trabajo de campo, incluso con fotografías nocturnas, lo realizó entre diciembre de 2010 y marzo de 2011, y demostró que la sala más profunda de la parte alta de la Cova del Parpalló (la «sala C») es iluminada desde el día 9 de marzo hasta el 20 de ese mismo mes, anunciando así el equinoccio de primavera. Esa entrada de luz solar se repite, lógicamente, en septiembre, durante el equinoccio de otoño.

El 19 de marzo, el Sol entra en la «sala C» a las 9.05 horas. Esta estancia es iluminada durante cerca de 9 minutos sólo en su mitad occidental. A las puertas del equinoccio, la iluminación es más breve. El 20 de marzo, el día en que cayó el equinoccio de primavera en 2011, el Sol iluminó durante un breve espacio de tiempo el suelo de la «sala C», en su parte oeste.

«Tras este día, ningún rayo de luz vuelve a iluminar la sala C hasta el siguiente equinoccio», señala José Lull. Por tanto, el arqueostrónomo puede concluir categórico que «la sala más profunda de la Cova del Parpalló sirve actualmente para determinar con gran precisión los equinoccios de primavera y de otoño».

JOSEP CAMACHO / levante-emv.com/

La última tesis sobre Benzú desmonta el paradigma de la ‘human revolution’

Juan Jesús Cantillo y el equipo investigador de la UCA demuestran científicamente que la explotación de recursos marinos comenzó en torno a 150.000 años antes

16 DE DICIEMBRE DE 2012. El equipo investigador de la Cueva y Abrigo de Benzú acaba de publicar su segunda tesis sobre el trabjo que se lleva a cabo en este yacimiento. Gracias a la beca ofrecida durante los tres últimos años por el Instituto de Estudios Ceutíes (IEC), Juan Jesús Cantillo acaba de defender la tesis que, basada en un estudio sobre el yacimiento de Benzú, desmonta un paradigma sobre la evolución humana que decía que la explotación de los recursos marinos comenzó hace 100.000 años. Cantillo y los moluscos que ha estudiado en Benzú prueban que fue mucho antes, con un marco de casi 150.000 años de diferencia.

El estudio de la Cueva y el Abrigo de Benzú sigue desvelando novedades significativas sobre los pobladores de esta zona norteafricana cientos de miles de años atrás. La segunda tesis doctoral surgida de la misma y defendida hace escasos días por Jesús Cantillo, acaba de plantar sobre la mesa un nuevo debate con el que se echa abajo el paradigma de la ‘Human Revolution’, una teoría asentada que básicamente venía a explicar que los humanos no habían iniciado la explotación de los recursos marinos antes de 100.000 años atrás. Con la presentación de su tesis doctoral, Jesús Cantillo y el equipo investigador de la Universidad de Cádiz sobre el yacimiento prehistórico de Benzú acaban de documentar científicamente que esto ya existía 150.000 años antes, en torno a los 250.000, en el Pleistoceno Medio.

La tesis ‘Análisis arqueomalacológico del abrigo y cueva de Benzú, Ceuta. El aprovechamiento de los recursos acuáticos por sociedades prehistóricas en la región histórica del Estrecho de Gibraltar’ ha sido dirigida por Pepe Ramos Muñoz y Milagrosa Soriguer, ambos titulares de la UCA, y se ha llevado a cabo gracias al apoyo económico del Instituto de Estudios Ceutíes, que otorgó una beca de investigación a Cantillo y sin cuya aportación “este estudio no habría sido posible”.

Cantillo sintetiza el trabajo que ha llevado a cabo en diversas campañas en el yacimiento de Benzú, durante los últimos tres años. “En los niveles basales del abrigotambién han aparecido restos de moluscos, cuyo análisis taxonómico indica que estas conchas habían sido expuestas al fuego”, explica. Para el autor de la tesis, llegar a las conclusiones que han podido demostrar supone una gran satisfacción, “teníamos datos sobre la mesa que sugerían esta hipótesis, nosotros la hemos convertiro en tesis con una base científica sólida. Pero por el argumento que desmonta esto va a generar debates”, comenta.

Colaboración con York

Tal y como explica, aunque la tesis fue defendida a principios de diciembre, ya se han establecido alianzas para avanzar en estudios coordinados sobre la materia con la Universida de York (Inglaterra) y la Universidad de Cantabria. “Queremos seguir profundizando sobre toda la información que puede ofrecer el componente malacológico. ¿Lo recogían solo para consumirlo, o también como herramienta?”, se pregunta. Según explica, hay especies de moluscos que se recolectaban también para otros usos, y es algo que se puede ver en el yacimiento de Benzú.

Topografía

De todas las especies estudiadas, cerca de un 99% son lapas. Pero no un tipo de lapas iguales a las de la actualidad, sino mayores en tamaño. “Esto nos proporciona muchos datos sobre paleontopografía, nos habla del hábitat en el que debió predominar el acantilado y el roquedal, contrastando con el tipo de moluscos que se encuentran en la misma época en la costa de Cádiz, donde hay más almejas que habitan en terrenos arenosos”.

Mientras el IEC prepara la próxima publicación de las conclusiones a las que Cantillo ha llegado con sus tesis, el debate sigue abierto y siguen surgiendo los interrogantes. “Aunque tengamos una base científica sólida que prueba que se utilizaron este tipo de técnicas antes de lo que hasta ahora se había documentado, nunca se ha querido ver más allá de lo que se quería ver”.

“Hay mucha ideología de por medio pero no hay evidencia. Al Homo Sapiens Sapiens siempre se le ha querido ver como el gran avance de la Humanidad”, dice Cantillo. Pero al margen de que se tratara del Homo Sapiens o del Nehandertal quien utilizó estos moluscos (todavía no se ha encontrado ninguna evidencia ósea que demuestre que un Nehandertal habitó el Abrigo, aunque sí se han encontrado piezas con técnicas de elaborar herramientas que utilizaba al otro lado del Estrecho), Castillo defiende que hay cuestiones que se pueden seguir investigando, con independencia de quién las puso en marcha.

El trabajo de Juan Jesús Cantillo, José Ramos, Milagros Soriguer y Darío Bernal titulado ‘Evidencias de explicatión de recursos marinos en la orilla norteafricana del Estrecho de Gibraltar pos sociedades del Pleistoceno en el Abrigo de Benzú (Ceuta)’, se presentó en la reunión científica ‘Arqueomalacología de la Península Ibérica, celebrada durante dos días en la Universidad de Cádiz. Según explicó Ramos recientemente esta es la tercera reunión científica de este ámbito donde el Abrigo de Benzú despierta interés en relación a la explotación de recursos marinos en la zone del Estrecho.

Cristina Rojo / elpueblodeceuta.es/
Link 2: Evidence of marine exploitation 250,000 years ago in North Africa
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Yorkshire. Flickering embers of camp fires from 7,000 years ago

Yorkshire’s oldest campsite could have been unearthed in a national park.

But this was no holiday destination. The site that is being investigated by archaeologists in North Yorkshire could provide rare evidence of a nomadic lifestyle dating backing more than 7,000 years.

They are investigating a possible Mesolithic campsite in the North York Moors National Park. Fieldwork has been carried out at a number of sites across north east Yorkshire and attention is now focused on a site at Goldsborough, near Whitby.

In the autumn more than 450 flint fragments were discovered, some of which are tools about 7,000 years old. Many are burnt, indicating the presence of camp fires or hearths.

Archaeologists say it is very rare to find evidence of Mesolithic people and this discovery is the culmination of a major project that has been searching for traces of them in north east Yorkshire.

A spokesman for the project said: “Archaeological remains are rare from the Mesolithic period. [...] Yorkshire Post

Neolithisches Feuerstein-Bergwerk in Jordanien entdeckt

An der Grenze zu Syrien haben deutsche Archäologen ein etwa 9.000 Jahre altes Silex-Bergwerk entdeckt. Der Fundplatz bei Umm Qays soll künftig im Rahmen einer deutsch-jordanischen Kooperation genauer erforscht werden. [...] archaeologie-online.de/

Link 2: Minas neolíticas de sílex descubiertas en Jordania (Traductor Google)