miércoles, 27 de julio de 2016

Investigadores de EEUU descifran las claves del Argar a través de los huesos


© ASOME, Universidad Autónoma de Barcelona

Laboratorios de Barcelona, Estados Unidos y Alemania desentrañan su alimentación y sus enfermedades

24/07/2016. Almería sigue incorporando en su dieta las gachas que ya se hacían en época argárica. Quizá sea de los pocos rescoldos que quede de una sociedad totalmente olvidada, pero que supuso entre los años 2250 y 1500 antes de Cristo quizá el primer estado organizado, basado en el poder coercitivo, en las clases, en un deseo de expansión y en un vasallaje obligado para la subsistencia colectiva.

Investigación

Bajo tierra queda hoy día una sociedad que se extendió por todo el sureste peninsular y que sólo puede interpretarse a través de los avances científicos que cada vez dan más claves de las enfermedades, costumbres y formas de subsistencia impensables para la sociedad actual.

El yacimiento de El Argar fue el punto de partida y posiblemente desde allí se dirigiera el territorio durante buena parte de su hegemonia; por ello, la profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona Cristina Rihuete ha elegido Antas para mostrar las principales conclusiones a las que se ha llegado después de analizar los últimos hallazgos de tumbas, en concreto en el yacimiento de Almoloya, en Pliego, Murcia.

Tumba 38

Esta sociedad militarizada y fuertemente estamentada contaba con grandes ajuares para las capas superiores. Representativa resulta la tumba 38, los cuerpos de un hombre y una mujer de la artistocracia argárica, posiblemente emparentados, enterrados con un abundante repertorio de joyas de oro, plata y piedras semipreciosas. El personaje sobresaliente es ella, que lucía una diadema, de las que sólo se han encontrado cinco en todos los yacimientos investigados. Ello determina la existencia de un importante comercio con otras culturas y otros pueblos de los que llegaban el ámbar, el marfil o el oro. Incluso el cobre llegaba de Sierra Morena y no de las minas más cercanas, quizá con la intención de afianzar el control económico de su territorio y de los pueblos colindantes. [...] lavozdealmeria.es


Noticia relacionada: 14/07/16. Las VII Jornadas de estudio sobre la cultura de El Algar tratarán sobre "los esqueletos"

Antas.es
  
“Los esqueletos cuentan: trabajo, alimentación y salud en El Argar” es el título de las VII Jornadas de estudio sobre la cultura de El Argar, que tendrán lugar este viernes 15 de Julio a las 20:00h en el Museo Pedro Flores de Antas (Almería)...

Was Tuberculosis Born Out of Fire?


 
By damaging lungs and bringing people together, fire may have turned a soil microbe into a global pathogen.

Many thousands of years ago, on a chilly African night, a group of people gather around a fire in a cave. Using the flames, they cook their food, fashion new weapons, and warm themselves. But where there’s fire, there’s also smoke, and the smoke is giving the huddled humans a wretched cough. And in their inflamed airways, a microbe that normally lives in the soil is taking hold, changing, evolving into something new.

This, according to Rebecca Chisholm and Mark Tanaka, biologists at the University of New South Wales, is a possible origin story for one of the oldest human diseases—tuberculosis.Caused by a bacterium called Mycobacterium tuberculosis, the disease formerly known as consumption has been plaguing people for tens of thousands of years.[...] The Atlantic

Neanderthal skulls and brains may have developed just like ours

Añadir leyendaSo we’re both just as bright, but who’s better-looking? Pascal Goetgheluck/Science Photo Library

Great minds grow alike. Evidence from Neanderthals’ skulls suggests that their large brains grew in the same way as ours do. That in turn suggests that Neanderthals were perhaps not so cognitively different from us – although not everyone agrees with this interpretation.

We know that Neanderthal brains were roughly the same size as ours, making them the largest among all known extinct human species. To get a sense for how they grew over an individual’s life, Christoph Zollikofer at the University of Zurich, Switzerland, and his colleagues looked at 15 Neanderthal skulls. Six belonged to adults and nine to children; the youngest was an individual who died just weeks after birth, the oldest a child who died aged roughly 12.

Using software, they generated 3D casts of the brain case – effectively allowing them to study changes in the rough shape of the Neanderthal brain through childhood. They then compared the findings with patterns of brain development in modern children. [...] New Scientist / Link 2 


Actualización: Todos somos neandertales (hasta cumplir 2 años)
Un estudio halla similitudes inesperadas a esa edad entre el cerebro de los humanos y los neandertales 

Las diferencias entre los humanos y los neandertales, y en concreto de la reconstrucción que de ellos se ha hecho a partir de los restos encontrados, saltan a la vista. Basta echar un vistazo al cerebro de unos y otros para comprobar todo lo que les separa.

Pero, ¿qué ocurre cuando el individuo es pequeño? ¿Cuándo empiezan a separarse los caminos? ¿Salen de “puntos” distintos o comparten un mismo patrón?

Un novedoso estudio científico ha puesto en cuestión una teoría hasta ahora aceptada sin mucha discusión, la de que el cerebro de los bebés neandertales era ya muy parecido al de los chimpancés, y ha puesto sobre la mesa evidencias de que estaba más cerca de lo que pensaba del cráneo del humano actual.

Un estudio publicado en la revista científica Current Biology desvela un estudio realizado con 15 cráneos de bebés neandertales que estaban en el primer año de vida y los compararon con los de los humanos de la actualidad en ese mismo período de vida.

Como señala el estudio, los bebés humanos modernos pasan por una etapa de crecimiento que se desarrolla en varias zonas del cerebro: el cerebelo, los lóbulos parietales y los lóbulos temporales, clave para el desarrollo del lenguaje y la interacción social. Hasta ahora se pensaba que en los neandertales no había semejante desarrollo, pero, después de estudiar estos 15 cráneos de diferentes edades (incluido un bebé y un niño de dos años), se ha comprobado que los lóbulos temporales y frontales y el cerebelo crecen con más rapidez que el resto del cerebro en esa época del crecimiento. Es decir, como ocurre con los humanos.

El estudio, firmado por los científicos Marcia S. Ponce de León, Thibaut Bienvenu, Takeru Akazawa y Christoph P.E. Zollikofe, documenta el desarrollo endocraneal durante los decisivos primeros dos años de vida. Los nuevos datos indican que los neandertales han seguido en gran medida los modos similares de desarrollo endocraneal a los humanos modernos, aunque a partir de ese momento las diferencias se ensanchan.