lunes, 1 de agosto de 2016

En busca de fuego en la Cova del Bolomor


  
La Investigadora del CENIEH Ruth Blasco codirige la XXVIII Campaña de Excavación de este yacimiento valenciano en la que se intentará recopilar más datos sobre el origen controlado del fuego en la Península Ibérica

Hoy se inicia la XXVIII Campaña de Excavaciones en la Cova del Bolomor, un yacimiento valenciano situado en Tavernes de la Valldigna, que forma parte de un selecto grupo de yacimientos de Europa occidental que recogen indicios del uso controlado del fuego con dataciones que van más allá de los 200.000 años.

Este yacimiento presenta una secuencia estratigráfica de 17 unidades sedimentarias que cubren un rango cronológico de entre más de 350.000 años en su base y alrededor de los 100.000 años en su techo. Casi todas estas unidades han proporcionado indicios de actividad humana, y de forma especial, algunas de ellas han documentado evidencias del uso controlado del fuego en forma de hogares, esto es estructuras de combustión, como por ejemplo las registradas en el nivel XIII con una cronología de 230.000 años.

Entre los objetivos de esta campaña, que tendrá lugar hasta el próximo 25 de septiembre, cabe destacar la continuación de la excavación en extensión del mencionado nivel XIII, así como la reapertura uno de los niveles más fructíferos de la parte superior de la secuencia estratigráfica, el nivel IV, el cual fue excavado a principios de la década de 1990 y proporcionó más de 24.000 restos faunísticos y más de 4.000 líticos.[...] CENIEH 

Sexo en las cavernas


Sexo neandertal. Elisabeth Daynes
 
Muchas de las costumbres sexuales actuales proceden del Homo sapiens de hace 100.000 años, quienes llegaron a tener contacto sexual con neandertales.

En la actualidad estamos solos, nos hemos acostumbrado a ser la única especie de humano que existe y nos resulta extraño pensar que, en los no tan lejanos años del Pleistoceno nuestro planeta estaba poblado por diferentes especies de humanos dispersos a causa de diversas migraciones, que habían ido avanzando terreno y que se asentaron a lo largo y ancho de Eurasia.

Más tarde, hace aproximadamente 100.000 años, nuestros antepasados (los primeros humanos anatómicamente modernos) iniciaron una serie de migraciones que los llevaría desde su cuna en África hacia todos los rincones de Europa y Asia. El encuentro con aquellas otras especies diferentes, dentro del mismo género homo, dejó una huella imborrable que aún se conserva en nuestro ADN. De hecho, hoy sabemos con certeza que en nuestro genoma existe un porcentaje de ADN procedente de otras especies de homínidos que nos indica claramente que existió un trasvase genético.

"Los restos fósiles o líticos que tenemos actualmente no nos dan muchas pistas sobre conductas sexuales concretas, sin embargo los análisis genéticos nos revelan que hubo hibridación entre especies" explica a EL ESPAÑOL la doctora María Martinón, paleoantropóloga e investigadora del equipo de Atapuerca. "En nuestro ADN llevamos aproximadamente un 3% de genes neandertales por lo que podemos afirmar rotundamente que hubo contactos sexuales, pero si analizamos el tiempo en el que ambas especies cohabitaron y lo comparamos con ese porcentaje, vemos que es muy pequeño: es un trasvase genético muy bajo a pesar de que coincidieron durante más de 60.000 años… No debieron de encontrarse muy atractivos". [...] elespanol.com/